
Diez días después de mis 21, intento mantener mi compromiso de consumo responsable.
Lo cierto es que en estos días no he tenido (o no me ha apetecido sacar) mucho tiempo para reflexionar sobre qué es realmente el consumo responsable. A pesar de eso, he tratado de hacer algunas averiguaciones, me he informado sobre marcas y productos y he tratado de determinar el punto exacto de responsabilidad que me corresponde a mí misma, como consumidora.
La principal ventaja de las grandes superficies es que puedes encontrar de todo en el mismo lugar y que, a primera vista, todo es mucho más barato (también depende del establecimiento, no es lo mismo
El Corte Inglés que el
Día).
Teniendo en cuenta que todo lo que podemos comprar tiene que pasar estrictos controles de calidad antes de llegar a nuestra manos, podríamos pensar que no merecen la pena las caminatas (haga frío, haga calor) de tienda en tienda para encima, acabar comprando más caro. Porque que nadie me vaya a negar que consumo responsable es también (a título personal) mirar por nuestra economía...
Dejando de lado los productos frescos, ilustraré esta última afirmación con un ejemplo:
Vamos a imaginar que necesito nata líquida para cocinar unos estupendos espaguetis a la carbonara. Se me plantean dos opciones: acercarme a la tienda de la esquina a comprar nata líquida marca
Pascual, o acercarme al
Mercadona de debajo de casa a comprar nata líquida Hacendado. Si compro la Pascual, beneficio al tendero y a una empresa que, aunque de origen español, no deja de ser multinacional. Si compro la Hacendado, me estoy dejando algo menos de dinero en otra gran empresa (también española) pero cuyo proveedor, en este caso, es el grupo
Covap (cooperativa ganadera andaluza). ¡Menuda indecisión! Investigo un poco, reflexiono y decido. Lo siento, tendero de la esquina, pero creo que en este caso, es más responsable comprar la nata de Mercadona. Razones: la materia prima para la aleboración de la leche Pascual no sé si la obtienen en Asturias o en Perú, la de Covap está claro que en Andalucía; la Pascual es más cara la compre donde la compre (y si es una tienda pequeña de barrio más aún), y la Hacendado, por ser marca blanca, me cuesta bastante menos.
Cuando empezaba mi andadura le respondía a
Bruno que mi intención no era romper definitivamente con los supermercados, simplemente, trataba de deshacerme de la dependencia que sentía. Al intentar volverme una consumidora responsable, me he dado cuenta de que eso es imposible. O es posible, pero cayendo en la irresponsabilidad.
Actualmente todas (o casi todas) las empresas hacen gala de su sostenibilidad y su responsabilidad social (si lo hacen para lavar su imagen y captar clientes o simplemente porque les preocupa el medio ambiente y la sociedad, da para un largo debate que ahora mismo no me interesa). Indagando un pelín, es fácil comprobar el grado de implicación de cada una de ellas, por eso, poniendo otro ejemplo, prefiero comprar el papel higiéncio de Bosque Verde (Mercadona) a comprarlo
Colhogar, ya que considero más sostenible la primera marca (y es de una cadena de supermercados!), a parte, por supuesto, de la relación calidad/precio.
Desde mi punto de vista, responsabilidad es en primer lugar adquirir productos frescos de proveedores de la zona (siempre que se pueda, porque el pescado no lo traen aún de
Las Tablas de Daimiel), si no, de proveedores nacionales. Y adquirir todo lo demás de empresas españolas, sostenibles y responsables. Y vosotros, ¿qué opináis?
Un cordial saludo,
La clienta pasada por agua.
Foto: Leche fresca Cantarranas en la encimera de mi cocina.