Debe ser que me hago mayor y me vuelvo más tiquismiquis. O que llevo tantos años separando la basura en casa para reciclar, que me sorprendo cuando alguien más joven que yo desconoce los materiales que debe depositar en cada contenedor.
Cuando llegó mi nuevo compañero de piso en septiembre, de tan sólo 18 años, me llamó mucho la atención que no tuviera ni idea de cómo reciclar en casa. A veces me pasa como a la hermana de mi amiga Laura, y me pregunto si soy yo la única persona que ve la realidad así, porque estaba convencida de que ya era algo habitual en todas las casas del país eso de separar los residuos.
Cuando la otra realidad golpeó mi cara, lejos de sentir desasosiego, vi en el mozo un diamante en bruto al que poder educar en el respeto por el medio ambiente para que, cuando ya no estuviese conmigo, pudiera a su vez concienciar a otros, y así sucesivamente. Una vez más, mi realidad personal me engañó vilmente.
Seis meses después sigo sufriendo convulsiones cada vez que voy a tirar algo al cartón y me encuentro allí un tetra-brick de leche o zumo (o una lata de cerveza con el vidrio, o unos apuntes sucios en el cubo amarillo).
El tema de la separación de basuras es algo que requiere tan poco esfuerzo, que no soy capaz de entender por qué la gente no se conciencia de una vez y lo empieza a hacer en sus casas.
De vez en cuando me sale el típico (o típica) listo/a, que me comenta que es mejor no separar nada, para poder dar trabajo a otros que se encarguen de esa tarea en alguna planta separadora. En primer lugar, si los municipios cuentan ya con contenedores especiales para cada tipo de residuo, no tiene sentido pensar que los que se depositan en los contenedores normales vayan a pasar por un segundo proceso de separación por si algún despistado ha echado algo que no debería. Todo lo que tiramos a los contenedores normales va a parar a los vertederos. En segundo lugar, me gustaría saber si esa persona que tan caritativamente vela por el trabajo de los demás preferiría trabajar separando la basura maloliente de otros a trabajar en la recogida de los residuos ya separados.
Pero claro, cuando se trata de poner excusas, cualquiera vale: "es que no tengo sitio para tanto cubo", "es que tener que ir hasta los contenedores de reciclar, con lo lejos que están...". Es que el que no recicla es porque no le da la gana y punto.
En fin, que volviendo al título de la entrada, los bricks van al contenedor amarillo, porque aunque por fuera se ven de cartón, llevan aluminio y plástico. Los vasos y las bombillas NO se reciclan con el vidrio (de hecho, las bombillas de bajo consumo y los fluorescentes tienen sus propios contenedores en determinados establecimientos). Y nunca, nunca, nunca, tirésis las pilas con la basura de casa, por dios bendito!
Para saber más sobre los reciclados de los brick aquí.
Página recomendada hoy: Ecoembes.
Un cordial saludo,
La clienta recicladora.



